Dudario

PREFACIO

Estas notas fueron surgiendo al constatar que, con el paso del tiempo, se habían ido perdiendo las explicaciones de los criterios transmitidos mediante la revisión y, tal vez por comodidad, solo quedaban de esas explicaciones versiones taquigráficas, generalizaciones breves, simples y descontextualizadas (“phase = etapa”), dogmas que, como tales, ya no se cuestionaban, y cuyos orígenes casi nadie recordaba.

A algunos les sorprenderá encontrar entradas obvias como “phase = fase”… Aluden a épocas en que evitábamos algunas palabras o giros que con el tiempo la RAE, el uso o ambos han terminado por aceptar. A nuestro juicio, tanto revisores como traductores fuimos cómplices de la construcción de estos mitos o dogmas: los unos por imponer sus manías o, al no explicarse, dejar que pasaran por arbitrarias correcciones que quizás no lo fueran, y los otros por consentir lo que consideraban arbitrariedades, interpretar “en esta Casa no” cuando se les decía “en este caso no”, seguir la corriente y limitarse a contar los días hasta la ansiada autorrevisión, “etapa” en que podrían por fin dar rienda suelta a sus propias manías.

Los revisores contamos con los traductores para que si, por ejemplo, les cambiamos “privacidad” por “intimidad”, nos señalen que nos hemos quedado algo anticuados, y para que nos pidan explicaciones de nuestras correcciones (fundamentadas en nuestras bases de datos o diccionarios especializados si se trata de cuestiones terminológicas y en el DRAE, el Panhispánico, la Gramática o la Ortografía si son cuestiones idiomáticas).

Las principales fuentes del Dudario son, entre otras, el Diccionario, el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), la Nueva Gramática y la Nueva Ortografía de la Real Academia Española (RAE), las consultas respondidas por la propia Academia, las recomendaciones de la Fundación del Español Urgente (Fundéu) y, cuando no se indiquen, aportes fruto de la reflexión colectiva de traductores al español de las Naciones Unidas, organismos especializados o la Comisión Europea, sobre los problemas de traducción y de uso del idioma que se nos plantean con más frecuencia.

INTRODUCCIÓN

Distingamos, ante todo, lo que es norma de lo que es convención: la convención responde a los precedentes o a la costumbre, mientras que la norma debe respetarse. Solemos hablar de convención cuando, habiendo varias opciones, decidimos preferir una y la convertimos en nuestra norma, por coherencia y conveniencia. Por ejemplo, pudiendo decir que la Asamblea General inicia su periodo de sesiones en setiembre, preferimos decir período y septiembre. Y, “en la Casa”, esa convención es una obligación, es decir, una norma.

VOLVER A LAS FUENTES

En cuestiones idiomáticas, nuestras autoridades son el Diccionario, el Diccionario Panhispánico, la Gramática y la Ortografía de la Real Academia Española. No podemos defender un uso ante la hipotética queja de una delegación hispanohablante (situación que, en última instancia, es la que más debería preocuparnos) blandiendo el Seco, ni el Moliner, aunque sí podremos consultarlos cuando la RAE no nos oriente.

Cuando se traduce una palabra no es necesario emplear sistemáticamente la misma palabra en español; pueden emplearse sinónimos. Pero cuando una palabra se convierte en término hay que ser más riguroso; en sentido estricto, un término preciso no debería tener sinónimos.

En cuestiones terminológicas, diremos lo que nos indiquen UNTERM, ESPATERM (de uso interno) o las recomendaciones que se publiquen en nuestro Foro de Terminología (también de uso interno), donde se definen ya no palabras, sino términos, es decir, usos especializados de una palabra o frase. Si no nos alcanzan nuestras propias bases de datos terminológicos, recurriremos a la autoridad de los diccionarios técnicos.

Así, la misma palabra puede ser término en uno de nuestros textos (y, en circunstancias ideales, tener una sola traducción) y mera palabra en otros (y tener varias traducciones posibles). Pero cuidado, palabras tan inofensivas como esfera pasan a ser término en cuanto convenimos en que areas of concern se traducirá esferas de preocupación. Y aunque trabajo y labor sean sinónimos (que lo son), work siempre deberá ser trabajos en la expresión organization of work.

El adjetivo friendly, usado en la expresión a child-friendly version of the Declaration, es una palabra, pero child-friendly school es un término. Si recogemos este término como “escuela amiga del niño”, no podemos extraer la idea de “amigo del niño” y aplicarla a la Declaración, que tiene una “versión adaptada a” los niños. A la inversa, tampoco podemos aplicar la idea de amistad, comprensible para describir la relación entre un bebé y un hospital o un niño y su escuela, al medio ambiente; por eso decimos inocuo para traducir environmentally friendly.

El hecho de que una palabra no parezca término, sobre todo en el vocabulario de las ciencias sociales que manejamos en tantos documentos, no significa que no lo sea: la palabra (o el término) village será aldea si traducimos un texto del UNICEF pero quizá poblado para el Banco Mundial; si se usa una sola vez, quizá no será término sino palabra, en cuyo caso podremos decir pueblo. Ahora bien, si en el mismo texto aparece village a secas pero también otros términos que incluyen esa palabra (como village health worker), por coherencia interna lo traduciremos siempre igual.

Por último, tengamos en cuenta que no todo lo que se corrige es un error, y que es lícito cambiar algo correcto para evitar una malsonancia o simplemente para aligerar el español, que suele “pesar” más que el inglés.

El Dudario puede consultarse aquí.

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